( Una de las vocaciones de este blog es rescatar textos y cuestiones que nos planteamos en el grupo de facebook, allí el muro va dejando atrás materiales, discusiones, apoyos, noticias, intercambios y hasta publicidades, totalmente lícitas y aceptadas, sobre asuntos, cursos, gentes, libros, pelis todo LO RELACIONADO CON EL CAMBIO DE PARADIGMA EDUCATIVO. )
Entre todos estamos consiguiendo tejer un espacio de reflexión, una VERDADERAS JORNADAS DE ILUSTRACIÓN CIUDADANA.
Y todo esto no nace sólo de la necesidad personal de educar-nos, de amar, de educar a nuestros jóvenes,de intentar asumir la responsabilidad social que supone traer un hijo al mundo. También del convencimiento de que es la base de una sociedad más sana y armónica.
Cuando decimos que estamos preocupados por la educación, muchos de nosotros estamos más bien OCUPADOS en la educación. No sólo la de nuestros hijos o nuestros alumnos. Estamos sobre todo pendientes de AUTOEDUCARNOS. Es una tarea infinita.
Parece haber dos secuencias recurrentes, dos estilos de vida, dos estilos educativos asociados a dos tipos de crianza..
Obviamente cada familia es única y estas dos tendencias de las que escribo pueden ser una generalización susceptible de recibir un montón de críticas, es cierto.
Hay una tendencia consciente y otra que escurre el bulto con mayor o menor consciencia de ello.
Mi idea de ilustracición
, gira entorno a la idea de consciencia de lo que uno es, de lo heredado, lo adquirido y la decisión de mantener o modificar rasgos, hábitos y actitudes median
te el conocimiento y la toam d elas riendas de nuestras vidas.
Rosa reflexiona preguntando, me encanta y yo quisiera reflexionemos junto a ella.
Mi
amiga Laura de la Fuente me ha pedido que
reflexione sobre la importancia de la autoeducación de los padres , para poder
llevar a cabo una educación plena y consciente de los
hijos....
Primeramente
hemos de pensar que los padres somos hijos del mismo sistema educativo que
nuestros descendientes, por lo tanto, no conocemos por lo general otro modo de
educar y lo hacemos bajo esa lógica.
Entender
también que el aprendizaje es algo natural en el ser humano y que la educación
es una intervención social en ese aprendizaje consustancial y permanente.
Sentimos
que nuestros hijos no son felices en el aula. Incluso aunque obtengan buenos
resultados, la mayoría de las ocasiones se debe a que aceptan de buen grado la
dinámica de cumplimiento que se les impone, pero sin saber muy bien hacia dónde
van, sin descubrirse ni conectar con ellos mismos, guiados por una serie de
adultos que les van mostrando el camino a seguir, a través de la imposición de
creencias socialmente aceptadas, a través de unos conocimientos que no se
anclan significativamente en su estructura de pensamiento, como diríamos
vulgarmente "cogidos con pinzas" y que, por tanto, con el tiempo se
olvidan. Se asume la forma de pensar que los demás quieren, sin descubrir la
propia.
Para
analizar cuál debe ser el papel de los padres como guías esenciales de la
educación de los hijos, deberíamos reflexionar desde varios prismas desde el
sentido común:
El
primero, recordar nuestra propia infancia. Acordarnos qué sentíamos cuando
éramos muy pequeños, incluso antes de entrar a la escuela. Pensar cómo
ocupábamos nuestro tiempo, qué imaginábamos, cómo jugábamos, qué nos hacía
felices.... Qué queríamos aprender, en qué pasábamos las horas muertas, en qué
se nos pasaba el tiempo volando... En definitiva, "qué ocurría y qué nos
ocurría cuando nos sentíamos felices descubriendo y aprendiendo algo". Y
en esos momentos de felicidad en nuestro proceso natural de aprendizaje, cómo
producíamos nuestros pensamientos....
El
segundo sería trasladar esa reflexión con respecto a nuestro hijos.
Para
ello sería bueno reflexionarlo a través de su observación analizando todo lo
anterior y además preguntárselo.
Cómo...,
¿es que no les preguntamos....? Tampoco es tan raro. Pero..., ¿los conocemos
verdaderamente?.
No
me refiero sólo a saber qué hacen a diario, sino qué sienten, qué piensan y
sobre todo, cómo reflexionan ellos, qué preguntas se hacen, cómo las enlazan
con lo que conocen, qué nivel de apertura, de flexibilidad tienen, cómo aceptan
otras ideas, cómo sacan sus conclusiones... No creo que sea tan importante las
ideas como la forma de elaborarlas. Si las elaboran desde la consciencia plena,
serán auténticamente suyas. Y eso es lo importante.
El
tercer prisma sería ver qué cuáles son nuestras expectativas con la educación.
Qué esperamos de la educación de nuestros hijos.
Cómo
puede facilitar que logren ser tipo de personas que quieran ser y cómo les
ayudará la educación a ello....
Y
sobre todo, qué hacemos realmente para ello...
Creo
que los padres tenemos pensamientos con respecto a nuestros hijos dignos de
análisis...
Cuando
son pequeños y no paran de hacernos preguntas "y por qué, y por qué, y por
qué, y por qué,....". Cómo nos sentimos... ¿Estamos dispuestos a
reflexionar con ellos y seguirles el juego de preguntas avanzando hacia lo lo
imposible, con creatividad?, o por el contrario, se nos antoja que son un
poquito moscas cojoneras y nos los quitamos de encima con órdenes de obediencia
a veces irracionales para ellos... Generalmente esa energía desbordante que
sienten y muestran nos cansan y generalmente pensamos que, mejor la derrochen
cuando no estén con nosotros. Estamos deseando que empiecen el colegio...
Por
otro lado, cuando los preparamos para el colegio, qué hacemos... Buscamos un
cole que, a poder ser, lleven uniforme... Un uniforme exterior pero que será un
reflejo de un uniformamiento a todos los niveles, en cuanto a conocimientos,
creencias, formas de actuar y modos de pensar...
E
internamente sentimos cierto regocijo cuando vemos que sus maestros logran que
actúen como se entiende que deben hacerlo, que piensen lo que tienen que
pensar..., que no se salgan del círculo, que pinten homogéneamente , que no
llamen la atención con estridencias... Y que no nos la tengan que llamar a
nosotros...
Esa
labor de "adiestramiento" continúa por muchos años y mientras en
casa, cómo vemos ese proceso educativo....
Entendemos
cómo están aprendiendo nuestros hijos...
Les
preguntamos a los profesores cómo van, pero, qué significa realmente esa
pregunta... ¿Estudia, es obediente, hace los deberes, participa en clase, es
hablador, ...?. ¿Qué otras preguntas les habéis hecho a los profesores?, seguro
que muchas más en esta línea.
Pero,
realmente qué significa cada una de esas preguntas...
¿Estudia
los contenidos que usted le enseña, generalmente del libro de texto y que
incluso le subraya para ahorrar esfuerzo, reflexión y capacidad de síntesis,
totalmente desconectados con la realidad y que mi hijo no entiende para qué va
a utilizar y que usted no evalúa si realmente sabe aplicar en la vida real?
¿Es
obediente de acuerdo al comportamiento socialmente aceptado e impuesto, que mi
hijo no tiene por qué razonar ni aceptar de acuerdo a su coherencia interior y
que no tiene por qué tener en cuenta sus necesidades particulares?
¿Hace
los deberes que usted le pone, y que en su mayoría se trata de respuestas
preestablecidas, donde se pide que responda lo que usted quiere oír, donde el
error se castigará, sin dar mucha opción ni valorar muy positivamente otros
caminos, donde el camino entre A y B, entre la pregunta y la respuesta ha de
ser lo más directo posible...? Claro, siendo lo más directo, la lógica de
respuesta ya aportada por el profesor, requiriendo casi únicamente la
memorización del alumno.
¿Participa
en clase?. ¿Pregunta en clase si no ha entendido lo que usted le ha explicado
en sus mayoritariamente clases magistrales? ¿Participa en los trabajos en grupo
donde en la mayoría de las ocasiones tienen que realizar el motivador trabajo
de buscar, cortar y pegar de internet?
¿Es
hablador?, ¿Habla con sus compañeros cuando no le interesa lo que usted le
cuenta?, ¿Se plantea en algún momento por qué no le interesa?.
Conforme
van avanzando en sus estudios se van desalentando y no nos explicamos por qué.
No sabemos en qué medida los conocimientos que adquieren van conformando su
persona, qué piensan con respecto a ellos. Cada vez nos alejamos más de su ser
interior y la falta de conexión hace que los desencuentros se multipliquen.
Justificamos sus comportamientos cada vez más estridentes por el período de la
adolescencia y sus cambios hormonales, pero verdaderamente cada vez nos
encontramos más alejados de ellos. Y lo peor, ellos sienten ese alejamiento con
respecto a sí mismos.
¿Nos
reconocemos en esta situación? ¿Qué podemos hacer?
Rosa Franco Pelegrín